Entre las olas y el olvido en el Muelle de Aguadilla

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Bañado por el sol en las cercanías de Crash Boat se encuentra abandonado frente al mar un molino de azúcar, ícono de nuestra historia. Aquí fui testigo de cómo, escondidos entre la playa y el monte, existen edificios abandonados por el tiempo que refrescan la mirada con la elegancia y ternura del vaivén de las olas.

Llegamos al lugar y en cuestión de minutos nos adentramos traspasando un portón frente a casas de vecinos amigables que se sorprendieron por nuestra visita. Como niños y niñas explorando, nos guiamos con entusiasmo al interior de la propiedad y, tras pasar un viejo y corroído hangar, encontramos al final de un camino los restos de un antiguo molino azúcar.

Éramos un grupo de 12 que, entre la vida y la universidad, nos habíamos unido en busca de una aventura para cerrar las vacaciones navideñas. Equipados con cañas de pescar, meriendas, neveras, cámaras, equipo de buceo… no dudamos en continuar nuestro proyecto en dirección al molino.

Tras no poder bajar por el camino inicial, buscamos uno alterno para llegar a lo que desde el primer momento se convirtió en un espectáculo geográfico entre la naturaleza y la cultura. Frente a nosotros, el mar y el cielo igual de azules, eran los cómplices de aquel paisaje natural en el olvido.

Rápidamente nos dividimos entre nadadores y mochileros para trasladarnos a la última plataforma que conectaba el puente de la estructura. Inspirados, nos aventuramos con el equipo del grupo a cruzar un puente elevado, que corroído en el olvido, nos permitía ser cómplices también del secreto al final del camino.

Bajamos precavidos entre las escaleras, el entusiasmo y la energía fueron cruciales. El acero comido por la sal, en momentos cedía ante nuestras pisadas. Aun así accedimos al botín y nuevamente en grupo pasamos el día sobre plataformas hermanadas por la historia, el hierro y el sol. Un paraíso tropical que invita a un eterno agradecimiento ante las olas y el olvido del tiempo.

Por: Mitchell De León Díaz